Roger Waters The Wall Live, Palacio de los Deportes, 18 de diciembre de 2010
"Every gun that is made, every warship launched, every rocket fired, signifies, in the final sense, a theft, from those who hunger, and are not fed, those who are cold, and not clothed"
Llegando al Palacio de los Deportes un brazalete dorado y rotulado con un agradable diseño no daba acceso total, se necesitaban otras 2 acreditaciones las cuales tuve que esperar. Mientras, una camioneta se estacionó en la entrada a backstage, Roger Waters había llegado.
Los niños que cantarían en “Another brick in the wall” se acercaron, Waters bajó y se dio tiempo para saludarlos. Su envestidura, pero sobre todo su sonrisa imponen, estaba tan cerca de un verdadero genio de la música, su staff lo guió hacia camerinos, la cantidad de gente a su alrededor impidió que me acercara más, me hubiera gustado darle la mano y decirle algo, aunque no hubiera sabido qué. Volteó hacia donde estaba, eso me fue suficiente, se alejó.
Después de esperar por las acreditaciones entré al foro, esta vez no había espacio en camerinos, observé el case con el bajo Fender Precision que siempre usa, esperé otro poco observando la maquinaria detrás de la pared: estructuras, las unidades de efectos, parte del staff con playeras con el logo de los martillos en el hombro, cajas y más cajas con el rótulo de “The Wall”.
Al final de la espera iba a ser colocado en una de las oficinas del inmueble debido a la falta de espacio, así que caminé hacia el fondo del palacio de los deportes frente al escenario, casi al mismo tiempo Roger Waters caminaba al escenario, la parte de la pared construida se veía imponente, y esa pantalla circular tan característica de los conciertos de Pink Floyd probaba la imagen de un joven Roger cantando.
Comenzó el soundcheck con “Mother”, ahí estaba Roger Waters en medio del muro, con su guitarra, cantando para las butacas vacías, para el personal del inmueble y el staff de la gira que debe estar acostumbrado a presenciar el hecho. Yo solo pude quedarme inmóvil, emocionado, con la primera frase fue suficiente para que se me helara la espina dorsal, para que esbozara una sonrisa y pensar: ahí está Roger Waters, tocando para mi.
Ya no regresé a backstage, el show comenzó, no pude apreciar todo hasta días después que fui como espectador, pero cada nota, cada frase, cada imagen: la animación de “Empty spaces”, las lágrimas negras de la mujer siniestra en “Don’t leave me now”, la emotividad de escuchar a Roger Waters diciendo en propia voz: ¿Does anybody here remember Vera Lynn?, lo gloriosa que se escuchó “Bring the boys back home”, todo el colage de visiones en “The Trial”, todo el show, el mejor que he visto, por todo lo que significa desde que tenía 9 años. Quedé sorprendido, por decirlo de alguna forma, de ser otro ladrillo en la pared.
"Every gun that is made, every warship launched, every rocket fired, signifies, in the final sense, a theft, from those who hunger, and are not fed, those who are cold, and not clothed"
Llegando al Palacio de los Deportes un brazalete dorado y rotulado con un agradable diseño no daba acceso total, se necesitaban otras 2 acreditaciones las cuales tuve que esperar. Mientras, una camioneta se estacionó en la entrada a backstage, Roger Waters había llegado.
Los niños que cantarían en “Another brick in the wall” se acercaron, Waters bajó y se dio tiempo para saludarlos. Su envestidura, pero sobre todo su sonrisa imponen, estaba tan cerca de un verdadero genio de la música, su staff lo guió hacia camerinos, la cantidad de gente a su alrededor impidió que me acercara más, me hubiera gustado darle la mano y decirle algo, aunque no hubiera sabido qué. Volteó hacia donde estaba, eso me fue suficiente, se alejó.
Después de esperar por las acreditaciones entré al foro, esta vez no había espacio en camerinos, observé el case con el bajo Fender Precision que siempre usa, esperé otro poco observando la maquinaria detrás de la pared: estructuras, las unidades de efectos, parte del staff con playeras con el logo de los martillos en el hombro, cajas y más cajas con el rótulo de “The Wall”.
Al final de la espera iba a ser colocado en una de las oficinas del inmueble debido a la falta de espacio, así que caminé hacia el fondo del palacio de los deportes frente al escenario, casi al mismo tiempo Roger Waters caminaba al escenario, la parte de la pared construida se veía imponente, y esa pantalla circular tan característica de los conciertos de Pink Floyd probaba la imagen de un joven Roger cantando.
Comenzó el soundcheck con “Mother”, ahí estaba Roger Waters en medio del muro, con su guitarra, cantando para las butacas vacías, para el personal del inmueble y el staff de la gira que debe estar acostumbrado a presenciar el hecho. Yo solo pude quedarme inmóvil, emocionado, con la primera frase fue suficiente para que se me helara la espina dorsal, para que esbozara una sonrisa y pensar: ahí está Roger Waters, tocando para mi.
Ya no regresé a backstage, el show comenzó, no pude apreciar todo hasta días después que fui como espectador, pero cada nota, cada frase, cada imagen: la animación de “Empty spaces”, las lágrimas negras de la mujer siniestra en “Don’t leave me now”, la emotividad de escuchar a Roger Waters diciendo en propia voz: ¿Does anybody here remember Vera Lynn?, lo gloriosa que se escuchó “Bring the boys back home”, todo el colage de visiones en “The Trial”, todo el show, el mejor que he visto, por todo lo que significa desde que tenía 9 años. Quedé sorprendido, por decirlo de alguna forma, de ser otro ladrillo en la pared.
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