(Otro texto perdido en la red que escribí al respecto del 20 aniversario de Re de Café Tacuba y que pueden leer en Bava)
Alguna vez leí (o escuché por ahí) que escuchar el Re de Café Tacuba es como encender el radio, y cada canción es
como cambiar la estación: del folklor a la balada, del punk al mambo, las
influencias con las que uno alimentaba el alma en las vacaciones en la casa de la
abuela que escuchaba las canciones de las hermanas Aguila, los ritmos
tropicales que emanaban las enormes bocinas en las fiestas de la colonia que
hacían retumbar tus ventanas y no te dejaban dormir, y las bandas locales como
Café Tacuba cuyo legado iniciaba de boca en boca y de cassette en cassette.
“El Aparato” te ponía a pensar: ¿este es el rock nacional?,
y la duda se disipaba con “La Ingrata”, y querías poner esa canción una y otra
vez en el convivio de la escuela para armar el slam y que alguien saliera
volando contra las bancas colocadas contra la pared, porque en aquellos días de
suéteres verdes y pantalón gris con cuadros corte príncipe de gales en el turno
vespertino de "la secu" 10, fue cuando el Re se apareció en mi vida.
20 años después esa vida sigue dando vueltas y rueda y
rueda, algunos de mis viejos amigos han tenido la suerte de “El Borrego”: les
gusta andar de negro con los labios pintados, pero guapos en la oficina siempre
andan bien trajeados. “Esa Noche” del 99 cuando aquella chica decidió que no
era el tiempo ni el lugar para estar juntos, entendí que mi amante siempre iba a ser la soledad,
esa tal vez nunca me dejaría.
Siguieron pasando las estaciones: veranos divertidos, otoños
dolorosos, “24 horas” al día viviendo sin cesar, superando etapas, obteniendo logros, soñando
con “Ixtepec” y labrando el futuro para
terminar en el “Trópico de Cáncer” recordando las andanzas del abuelo que
colocaba postes de teléfono en las carreteras recién inauguradas, porque antes
la vida era más fácil, el modernismo nos devora.
“El Metro” que a tantos lares te ha llevado con el paso del
tiempo se volverá cada vez más viejo y lento como uno, pero “El fin de la
infancia” es cosa que no sucederá, porque cuando escuchas esa melodía quieres
bailar y sentirte vivo, el niño interno se niega a abandonarte. “Madrugal” es
para la ciudad de los palacios que siempre me ha cobijado, “Pez” es mi apodo y
“Verde” el bienestar.
“La Negrita” es ese cuento que inspira a ir al mar, “El
Tlatoani del barrio” es aquel anciano que saludas todas las mañanas cuando
sales de tu casa rumbo al trabajo, y que un día simplemente ya no estará. “Las
Flores” para quien te hizo sonreír, canciones que te marcan y que con el tiempo
se disipan, porque las plantas también se secan.
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