Little Wonder, no es que te hayas ido demasiado pronto, sino
que tenías que regresar a tu planeta, tu universo paralelo, no lo sé. Hay algo
de David Bowie en nosotros si nos ponemos unos Converse para ir a una boda, si
en la playlist que armaste para la cena navideña figura Jimi Hendrix, si te
imaginaste en una helada carretera como en On The Road, si sientes malestar
ante la muerte de aquellos músicos que tanto te han dicho como si fueran
personas que conoces, más bien sientes que ellos te conocían a ti porque
hablaban de tu vida: Where are we now?.
Starman, ayer dijiste adiós en silencio, dejando una estrella
negra como epitafio, Lázaro como última condición, sabías que volverías, o más
bien que nunca te irás porque todo músico que gracias a ti tomó un instrumento
o la voz se sintió incompleto y con la obligación de rendirte pleitesía.
Duque blanco que en las noches negras seguirá caminando por
los pasillos de los mercados en busca de fruta, en las galerías jugando a ser
snob, en las calles sin afán de protegerse de la lluvia, frente al teclado
creyendo saberlo todo y opinando de nada.
Adiós Ziggy, y gracias por la eterna oda espacial, por la
rebeldía, por la fama, polvo eres y en polvo te convertirás.

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