El acceso se dio a la hora que debía ser, las bandas abridoras trataron de extender su set todo el tiempo posible. Es bien sabido que Axl Rose no sale a tocar antes de las 12 de la noche, cuentan las leyendas urbanas que es porque se somete a un masaje de relajación antes de salir al escenario, pero alguien que estuvo trabajando en la gira de Guns n' Roses en México, en el mismo Palacio de los Deportes en el año 1993 dice algo que resulta extraño: es que Axl tiene pánico escénico, tiene que tomarse su tiempo para salir a cantar. No sé si sea cierto, de cualquier forma dos masajistas se encontraban en la zona de camerinos.
Desde los camerinos habilitados como oficinas se escuchan los silbidos de desesperación del público, muchos de ellos ya sabían a lo que se atenían. A las 12:10 llegó el convoy del hotel. Una de las asistentes dice que se pasaron todos los altos posibles para llegar rápido al Palacio desde Reforma.
Axl Rose con un gorro de invierno me vio directamente a los ojos a su paso por el pasillo hacia los camerinos, un Axl diferente al de los años de gloria de su banda, cansado, viejo, con mirada perdida, caminando entre un séquito de personas a su disposición. El mismo Axl Rose, lider de una de las bandas que me hizo fan del rock y de la música en general. Cuando era niño tomaba una raqueta de tenis e imaginaba que era mi guitarra, y que yo tocaba con Guns n' Roses. El sueño del rockstar: mujeres, destrozos, la vida fácil, el dinero, la fama. Años después de alguna forma terminé trabajando en el rock, pero detrás del escenario, dejé de ser un espectador para ser un relator y testigo de lo que pasa detrás de un show.
5 minutos después la banda camina hacia el escenario, es hora de comenzar pasada la medianoche, el grito de alegría al apagarse las luces se convierte en un sonoro abucheo, suenan los primeros acordes de “Chinese democracy” y se ilumina el escenario, la canción termina, otro abucheo, ahora “Welcome to the jungle”, la emoción vuelve a su cauce, el fan le perdona al rockstar el hecho de hacerlo esperar.
Solo “Estranged” y “November rain” me provocaron cierta nostalgia, porque escuchaba a Guns n' Roses pero no los veía, era Axl el que cantaba, eran sus canciones, pero no era Slash y nadie se subió al piano a hacer solos de guitarra, no estaba Duff McKagan con su look punk y su bajo blanco, no era Izzy Stradlin cambiando miradas con Matt Sorum en la batería, aunque Dizzy Reed permanecía en el mismo lugar, siempre fiel a Axl.
A las 3 de la mañana ya se veían algunos asientos vacíos, había sido una larga jornada, había que trabajar al día siguiente después de una tardía noche de concierto. El staff de producción luce cansado, no es raro ver latas de Redbull en sus manos, queda un show más por hacer, y seguro Axl volverá a llegar tarde.
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