El Plaza Condesa, 20 de septiembre de 2011.
Primera oportunidad de ir al Plaza Condesa, y qué mejor que verlo completamente lleno.
Desde la llegada se sentía un nuevo ambiente en aquel territorio lleno de bares, los puestos de playeras piratas, posters y souvenirs hacen parecer esa parte de la Condesa como un pequeño islote del Palacio de los Deportes en día de concierto.
La fila da vuelta a la calle, es el show más íntimo que va a dar Caifanes después de su regreso. De nuevo la frase: “Préstame tu peine, y péiname el alma” desata en frenesí. El espacio es reducido, la gente llena completamente el recinto, apenas puedo salir por un lado, veo a la distancia a la banda, después prefiero colocarme por dentro de un lado del escenario, puedo ver a la banda desde más cerca, cómo Alfonso André es tan preciso, cómo Diego Herrera sopla el saxofón a detalle.
Caifanes, parafraseando uno de sus temas, invoca fuerzas que jamás entenderás, es por esto que creo que es la banda más importante que ha dado este país. La gente canta toda sus canciones y su reencuentro fue lo mejor que pudo haber pasado para todos los viejos fans y aquellos como yo que nunca tuvieron la oportunidad de verlos en sus años activos.
Soprendieron cosas para fans en ese setlist: “Te estoy mirando”, “Sombras en tiempos perdidos”, “El Comunicador”, “Nunca me voy a transformar en ti”. Pero a mi me sigue matando “Antes de que nos olviden”. Las clásicas dislocaron las gargantas, “La célula que explota”, lo siento, pero nunca volverá a sonar igual como aquella noche en el Vive Latino, el momento más glorioso de la historia del festival.
Al final del show sale cada uno de los Caifanes del escenario y pasan a mi lado, es la segunda vez en mi vida que los veo y esta vez es muy cerca, en las entrañas de su acto.
Palacio de los Deportes, 1 de octubre de 2012.
Bajando del metro grupos de adolescentes con pancartas y aquellas características mini-vans de mamá de clase media-alta llenas de post-its y corazones se encaminan al Foro Sol, la sensación del pop materializada en un adolescente odioso llamado…(ya saben, no quiero poner el nombre por aquello de las búsquedas en Google y no quiero fans oligofrénicas por aquí) se presenta para el deleite de sus fans, a mi me importa un carajo, veré por tercera vez en menos de un año a los Caifanes.
Sabo deambula por el pasillo de camerinos, como siempre repartiendo sonrisas y buen karma, Alfonso André pide la clave del wi-fi, los hijos de Diego Herrera deambulan observando el panorama, parece que al fin creen en todo lo que les decía su papá: que era integrante de una gran banda de rock.
Salí a fumar un cigarro en el momento justo en el que la estrella pop salía al escenario del otro lado de la avenida, el grito de las niñas que abarrotaron el Foro Sol fue impresionante, pero no tan abrumador como lo que se avecinaba.
Antes de salir al escenario los sigo por el pasillo de camerinos, antes de subir al escenario hacen un pequeño concilio, se abrazan, se desean suerte, Alfonso es el primero en salir, lo siguen Diego y Sabo, y pasa algo increíble, Alejandro Marcovich reposa con la cabeza recargada en la pared en una especie de meditación, como aislado, no sé si concentrado o con algún malestar debido a su delicada condición.
Saúl se acerca, lo abraza, le dice algo, le da palmadas en la espalda y lo encamina al escenario. Presenciar tal momento de conciliación entre 2 personas que siempre te dijeron que se odiaban fue algo muy significativo, y más antes de que suban al escenario del Palacio de los Deportes lleno, de nuevo comenzaron con “Viento”.
A este setlist se agregaron sorpresas como “Miércoles de ceniza” y “Metamorfeame”, de nuevo la raza, como siempre nos llama Saúl se entregó, canto y celebró este regreso. Una pareja se abrazó mientras sonaba “Antes de que nos olviden”, yo también abracé a alguien aquella noche del sábado en el Vive Latino, porque para mi esa es la canción más entrañable de la banda.
Volví a disfrutar esa canción, a hacer mi labor descriptiva con grandes fotos, a cantar entre recorridos, a emocionarme, porque nunca es suficiente de una gran banda como esta.
Encontré mi reseña de Caifanes en Vive Latino replicada en este blog, ya que no encontré el link activo de vivelatino.com por si gustan checarla.
http://lawacha.blogspot.mx/2011/04/resena-caifanes-en-el-vive-latino-2011.html
Primera oportunidad de ir al Plaza Condesa, y qué mejor que verlo completamente lleno.
Desde la llegada se sentía un nuevo ambiente en aquel territorio lleno de bares, los puestos de playeras piratas, posters y souvenirs hacen parecer esa parte de la Condesa como un pequeño islote del Palacio de los Deportes en día de concierto.
La fila da vuelta a la calle, es el show más íntimo que va a dar Caifanes después de su regreso. De nuevo la frase: “Préstame tu peine, y péiname el alma” desata en frenesí. El espacio es reducido, la gente llena completamente el recinto, apenas puedo salir por un lado, veo a la distancia a la banda, después prefiero colocarme por dentro de un lado del escenario, puedo ver a la banda desde más cerca, cómo Alfonso André es tan preciso, cómo Diego Herrera sopla el saxofón a detalle.
Caifanes, parafraseando uno de sus temas, invoca fuerzas que jamás entenderás, es por esto que creo que es la banda más importante que ha dado este país. La gente canta toda sus canciones y su reencuentro fue lo mejor que pudo haber pasado para todos los viejos fans y aquellos como yo que nunca tuvieron la oportunidad de verlos en sus años activos.
Soprendieron cosas para fans en ese setlist: “Te estoy mirando”, “Sombras en tiempos perdidos”, “El Comunicador”, “Nunca me voy a transformar en ti”. Pero a mi me sigue matando “Antes de que nos olviden”. Las clásicas dislocaron las gargantas, “La célula que explota”, lo siento, pero nunca volverá a sonar igual como aquella noche en el Vive Latino, el momento más glorioso de la historia del festival.
Al final del show sale cada uno de los Caifanes del escenario y pasan a mi lado, es la segunda vez en mi vida que los veo y esta vez es muy cerca, en las entrañas de su acto.
Palacio de los Deportes, 1 de octubre de 2012.
Bajando del metro grupos de adolescentes con pancartas y aquellas características mini-vans de mamá de clase media-alta llenas de post-its y corazones se encaminan al Foro Sol, la sensación del pop materializada en un adolescente odioso llamado…(ya saben, no quiero poner el nombre por aquello de las búsquedas en Google y no quiero fans oligofrénicas por aquí) se presenta para el deleite de sus fans, a mi me importa un carajo, veré por tercera vez en menos de un año a los Caifanes.
Sabo deambula por el pasillo de camerinos, como siempre repartiendo sonrisas y buen karma, Alfonso André pide la clave del wi-fi, los hijos de Diego Herrera deambulan observando el panorama, parece que al fin creen en todo lo que les decía su papá: que era integrante de una gran banda de rock.
Salí a fumar un cigarro en el momento justo en el que la estrella pop salía al escenario del otro lado de la avenida, el grito de las niñas que abarrotaron el Foro Sol fue impresionante, pero no tan abrumador como lo que se avecinaba.
Antes de salir al escenario los sigo por el pasillo de camerinos, antes de subir al escenario hacen un pequeño concilio, se abrazan, se desean suerte, Alfonso es el primero en salir, lo siguen Diego y Sabo, y pasa algo increíble, Alejandro Marcovich reposa con la cabeza recargada en la pared en una especie de meditación, como aislado, no sé si concentrado o con algún malestar debido a su delicada condición.
Saúl se acerca, lo abraza, le dice algo, le da palmadas en la espalda y lo encamina al escenario. Presenciar tal momento de conciliación entre 2 personas que siempre te dijeron que se odiaban fue algo muy significativo, y más antes de que suban al escenario del Palacio de los Deportes lleno, de nuevo comenzaron con “Viento”.
A este setlist se agregaron sorpresas como “Miércoles de ceniza” y “Metamorfeame”, de nuevo la raza, como siempre nos llama Saúl se entregó, canto y celebró este regreso. Una pareja se abrazó mientras sonaba “Antes de que nos olviden”, yo también abracé a alguien aquella noche del sábado en el Vive Latino, porque para mi esa es la canción más entrañable de la banda.
Volví a disfrutar esa canción, a hacer mi labor descriptiva con grandes fotos, a cantar entre recorridos, a emocionarme, porque nunca es suficiente de una gran banda como esta.
Encontré mi reseña de Caifanes en Vive Latino replicada en este blog, ya que no encontré el link activo de vivelatino.com por si gustan checarla.
http://lawacha.blogspot.mx/2011/04/resena-caifanes-en-el-vive-latino-2011.html
No hay comentarios:
Publicar un comentario