Evanescence
Palacio de los Deportes, 30 de enero de 2012
El primer esbozo de la belleza real de Amy Lee llegó directo
a mis ojos el día de la conferencia de prensa, solo estaba ella y ese hermoso
vestido morado, micrófono en mano, hablando de que le gusta crear.
El día del show la encontré sin querer, mientras veía
algunas fotos de pasados conciertos en uno de los pasillos que nadie ve del
Palacio de los Deportes. Ella y sus guardias miraban atentos una foto de James
Hetfield, cuando me acerqué, y más cerca es más hermosa.
Sus ojos son abismos en los que uno quisiera planear hasta
el fondo, es tan blanca como una nube, su sonrisa que parece fingida delata lo
linda que es, yo solo quería una foto pero su gente de seguridad cree que soy
un fan infiltrado, se la llevan, ella dice “wait”, regresa y me da un beso, es
todo.
Ya después de la euforia y el temblor en las manos la
escucho cantar y tocar el piano, porque lo suyo es crear, y lo que hace es muy
bueno. “My Immortal” era para mi aunque todo el mundo pensara lo contrario, yo
me la dediqué ese día, tan solo quería escucharla, no me importa la letra, no
me identifico con la banda, pero escucharla cantar me hizo muy feliz.
Me quedaré con el tercer encuentro: antes de subir al
escenario caminó por el pasillo, volví a
verla a los ojos, esta vez sonrió con más soltura, amor y paz decía su mano
derecha, y se fue.
Y desde ese día sonrío cuando escucho su nombre o alguna de
sus canciones.
Y repito su nombre…
Amy Lee.
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