La reunión de Zurdok invocó los recuerdos de aquellos años
donde Monterrey era el epicentro de la creación musical, como bien lo dijo
Jumbo: “regresan los noventas cuando vienes” cambiando la letra de “Siento
Qué”. A mediados de aquella década 4 bandas presentes vieron sus inicios, los
ya mencionados y El Gran Silencio, banda
esencial de los 15 años del festival y que tal vez siempre reniega de su
grandeza, y Control Machete, la reunión no fraguada, ya que sus integrantes
aparecieron en diferentes escenarios en diferentes momentos y que coincidieron
pero no en su totalidad, a pesar de andar paseando por todos lados en el
paddock. Vi salir a Toy del backstage del escenario en el cual estaba tocando Fermín
IV, quien a su vez invitó a Pato al escenario. Recordé la cuasi-reunión del año
pasado en el escenario principal, pero no hemos visto a los 3 juntos, solo
ellos sabrán qué pasa al respecto.
15 años de este festival resultaron ser homenaje y
reconocimiento a la avanzada regia, ya que sus 3 representantes presentes
ocuparon horarios estelares en el escenario principal demostrando lo importante
que ha sido para la historia del rock nacional la música que cobija el cerro de
la silla.
2.- Pablito Mix
Este personaje fue sin duda el que mayor ámpula levantó
entre los puristas del festival, DJ que se ha ganado el reconocimiento,
primero, como él lo mencionó, de su barrio, y después de todos aquellos que se
acercaron a presenciar su set que incluyó desde tribal guarachero hasta Cypres
Hill.
Era obvio que no estaba en su ambiente, un compañero
fotógrafo me comentó que se le notaba nervioso: “lo he visto tocar en la
Moctezuma y prende bien cabrón”, tal vez influyó que no estuviera entre sus
escuchas habituales, pero aún así no hubo señales de desaprobación, ni broncas,
él hizo lo suyo callando bocas y al final los comentarios negativos, clasistas
y ridículos se quedaron perdidos y olvidados en las redes sociales como siempre
pasa.
3.- Los Jefes de Jefes
“Sin talento no busques grandeza porque nunca la vas a
tener” es una de las frases de la canción que da mote a los Tigres del Norte y
que a su vez demuestra su alteza. El escepticismo terminó, los abucheos jamás
se escucharon, la figura imponente del ensamble de música norteña más
reconocido del país invadió el escenario que nunca imaginamos, pero que
ciertamente esperábamos, porque “La Puerta Negra” fue coreada y celebrada,
porque las parejas bailaban al ritmo de “La Manzanita”, porque se atendieron
peticiones y se repitieron canciones, porque cuando las luces se encendieron uno
a uno bajaron del escenario a agradecer de mano la presencia, el entusiasmo, el
cariño y el respeto del público, así demostraron que su legado no ha sido en
vano. Mientras los Tigres del Norte comenzaban su set, del otro lado de la
avenida en el Palacio de los Deportes Joan Sebastian interpretaba sus últimas
canciones a caballo, su último show de jaripeo en el DF, hecho que resulta
interesante, ya que en la capital de este país una avenida puede separar a 2
leyendas de la música regional mexicana y tu tal vez ni te enteras.
4.- El tronar del sonidero.
Poco a poco la gente se acercaba ya que había pasado la
lluvia a aquel lugar donde retumbaban los bajos de la cumbia de Grupo Niche, se
armaban los círculos de baile, la gente admiraba los pasos de los bailarines
que acompañaban al sonido, un señor invitaba a bailar a una señorita que no le
aguantaba el paso pero que se dejaba girar, mover, aprender. Don Ramón Rojo
tiró “changazos” y saludos a medios, público, quinceañeras y al festival mismo,
“un honor estar aquí”, porque para esta institución del sonidero nacional es
importante tocar en su natal Tepito, en el aniversario de los mercados de la
Merced y en el lugar donde aparentemente nunca tendría cabida.
Se rompieron etiquetas, al final los detractores se quedaron
en sus casas o en otros escenarios, los escépticos se emocionaron y los
conocedores lo disfrutaron. Sonido La Changa de alguna forma hizo historia,
rompió esquemas y abrió la puerta para que en años próximos podamos
experimentar otra fiesta sonidera con Condor, Conga, Pancho de Tepito, y por
qué no, también con conceptos diferentes como Winners o Polymarchs.
5.- El Escenario Raíces.
Pocos se dieron cuenta de la existencia de un escenario que
alternó la presencia de proyectos mexicanos en lenguas indígenas y performances
del Colectivo Faro de Oriente, cuya presencia siempre resulta un respiro para
este festival. El día sábado mientras Los Caligaris hacían que la gente sacara
su “argentinidad” cual hinchas de River Plate en pleno juego con cantos y pose
futbolera con playeras de la selección Argentina incluídas, Pat Boy, originario
de Quintana Roo, ofrecía sus rimas en su legua maya, al ritmo de los beats del
hip-hop.
Después Lumaltok desde los altos de Chiapas con gran actitud en el escenario con su
vestimenta tzotzil, inspirados por tragos de pox y por el rock desenfrenado,
sucio, de antaño, ese rock rasposo con solos de guitarra que muchas bandas
locales de la actualidad han olvidado para hacer baladitas facilonas. Enfundados
en su vestimenta tradicional y haciendo lo que mejor saben: fusionando un poco
de reggae, sonando a punk, demostrando que no se necesitan guitarras de 50 mil
pesos para hacer algo único, emocionante, algo que muchos ignoraron y que
pudieron haber disfrutado como los que estuvimos ahí, evitando sentirnos
“argentinos” y descubriendo que la música mexicana en general va mucho más allá
de la misma escena de siempre, del pop de las disqueras y de lo que apoyan los
medios viciados por amistades.
Esperemos que el próximo año el Escenario Raíces tenga más
protagonismo y mejor espacio, porque hay demasiadas propuestas musicales en
todos los rincones del país que merecen ser escuchadas.
6.- Los Detractores.
Desde el anuncio del cartel la desaprobación de la gente por
diferentes cuestiones se hizo presente: por la incursión de los Tigres del
Norte, Pablito Mix y Sonido La Changa por citar algunos ejemplos. Comentarios
despectivos plagaron las redes oficiales del festival argumentando que el Vive
Latino había perdido su esencia, que se había “vendido” y que había bajado su
nivel.
La esencia del Vive Latino sigue creciendo, y eso queda
demostrado ya que la gente sigue asistiendo, porque es muy fácil estar desde tu
casa sacando la frustración por no haber ido que haber canalizado ese odio e
irracionalismo para hacer lo posible por asistir y vivir en carne propia lo que
pasó durante 4 días, porque al final lo que ves no es gente lanzando cosas al
escenario, los ves bailando, no los ves dando la espalda en desaprobación, los
ves caminando hacia otro escenario o actividad.
El festival se ha vendido y brandeado y crecido gracias a
que cada vez más patrocinadores ponen de su parte, porque nunca ha dejado de
ser un negocio, no es un festival auspiciado por el gobierno, traer bandas
cuesta, porque la infraestructura, logística y activaciones cuestan, gana el
poderoso corporativo y también los que ponen sus puestos del Chopo y La
Lagunilla, porque hay mucha gente trabaja dentro del festival, y porque la
gente que pagó su boleto gana muchas experiencias, porque el Vive Latino para
muchos es la agradable costumbre anual de convivir, bailar, encontrar amigos y
hacerse de recuerdos.
El nivel del festival no bajó con la incursión de nuevas
propuestas, al contrario, las opciones cada vez se extienden más, y si somos
sensatos tenemos la opción de elegir dónde estar, qué escuchar, qué conocer y a
qué darle la espalda, porque a mi no me gustan Los Caligaris pero caminé a otro
escenario a descubrir rock tzotzil, porque resulta surreal ver a Laura León “La
Tesorito” y enterarte que a unos metros en un escenario pequeño se dio la
primera presentación oficial de La Esfinge, banda de rock de Cristian Castro
mientras unos metros más adelante ya sonaba La Changa, en este sentido alguien
me comentó: “el Vive Latino se está convirtiendo en el festival de los gustos
culposos”, para algunos puede resultar eso, pero para aquellos ávidos de
escuchar cosas diferentes puede resultar muy alentador presenciar reencuentros
y despedidas, palomazos, a escritores en la carpa Rock & Libros, danzas
africanas del Faro de Oriente, bandas no solo de México y Latinoamérica sino de
Australia, España y Rusia, sin olvidar que en pasadas ediciones ha habido
diferentes performances, una ópera rock y hasta lucha libre.
Las nuevas generaciones quieren descubrir de qué se trata
este fin de semana, los que regresan saben por qué lo hacen y los que no van se
quedan en sus casas alentando teorías de conspiración corporativa hacia otros
festivales. Aquí la diferencia entre el Vive Latino y el frustrado Hell And
Heaven es que 15 años de experiencia resaltan, han costado, mutado y
evolucionado, y que a pesar de la misma gente que prefiere amargar que aportar,
todos aquellos que sufrimos depresión post-vive Latino tendremos que esperar 12
meses para volver a disfrutar esta gran fiesta anual que cada año sorprende,
emociona, y también cansa pero alimenta, y como bien dice el mensaje a la
salida del Foro Sol: Nos vemos en el 2015.
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