martes, 24 de marzo de 2015

Un recuerdo de El Hijo de el Perro



 Un borroso recuerdo de aquella noche: El Hijo del Perro Aguayo sometiendo a El Hijo del Santo

Sala de Armas de la Magdalena Mixiuca, “el perrito” no brilló tanto como en otras funciones en las que lo había visto emular los movimientos de su mentor, aquella poderosa lanza con ambos pies al pecho del caído, aquella rudeza que siempre caracterizó al linaje Aguayo.

El Hijo del Santo, Blue Demon Jr y La Auténtica Parka complementaban aquella lucha estelar, quién diría que hoy relato aquello como la última vez que vi en vida a el Hijo del Perro Aguayo, el eterno cancerbero, el vigía de una leyenda, el que se fue tal y como hubiera querido: arriba de un ring.

En una de las ediciones de la ya extinta Expo Lucha el heredero atendía el stand de Los Perros del Mal, y entre fotos y autógrafos devolvía el cambio de la mercancía comprada poniendo en evidencia su doble personalidad: el can maldito entre las 4 cuerdas, la bestia sedienta de sangre, y en la vida real, aquella que a veces más nos lastima, el que luchaba por subsistir, el visionario, el que tuvo el valor de encarar a las grandes empresas para fundar su propia promotora, la cual ya hizo nombre y cuyo pase de lista hace eco entre sus afines: “¿Dónde están perros?”.

El luchador se sabe en riesgo cada vez que ajusta las agujetas de su máscara para engañar a la muerte, el rudo sabe que el técnico también puede pegar fuerte, los minis también se juegan la vida, los exóticos no se libran de lo siniestra que puede resultar una mala caída, porque la parca (no la enmascarada), no distingue entre maestría o categoría, porque se han perdido vidas y ojos, hijos y sueños.

Más allá de un video compartido o los comentarios obtusos de medios amarillistas, aquellos que encontramos en la lucha libre una inspiración para relatar historias entendemos que sucesos como este enaltecen la obra de un deportista, de un compañero, de un ser humano, y que queden los textos y las imágenes borrosas como testimonio, pero mejor aún, para celebrar la vida de un caído y mantener su recuerdo.

Hasta siempre Perro.

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