lunes, 11 de mayo de 2015

Ya me hubiera vuelto loco

3 shows en un mes y en un mismo inmueble para comparar:

Neil Diamond: El audio tenue debido al promedio de edad de los asistentes, aunque alguien de mediana edad se quejó “porque sonaba muy bajito”, para el público de más de 50 años importa más la fidelidad que la estridencia, y don Neil y sus 74 años a cuestas no decepcionaron a aquellos que con el apoyo de sus bastones se levantaron a bailar. La música tiene esa increíble fuerza de hacer que alguien en silla de ruedas mueva sus brazos y disfrute el momento, pocas cosas como esas canciones que nos marcan y hacen movernos, pocos instantes en esta vida habitual para tomar a la esposa y bailar abrazados.

Imagine Dragons: Una banda que en escena no me dijo demasiado, un conjunto que cumple con su trabajo de emocionar a sus jóvenes fans, percusiones, demasiadas percusiones para mi gusto y esa tónica tenue de sus canciones hace que todas suenen parecidas.

Judas Priest: Desde la llegada se escuchaba el bombo de la batería golpeando al domo, desde afuera se sentía que iba a ser una de esas noches de altos decibeles. Una de esas ruidosas presentaciones donde el backstage se cimbra desde el soundcheck hasta la última canción. Rob Halford yendo de sus tonos más leves hasta los más complejos, 63 años que no parecieron pasar, su bastón para sostenerse es el báculo de su grandeza, y a su lado derecho, Richie Faulkner, el integrante más joven de la banda, demostrando que nada le debe a los guitarristas veteranos.

Rob Halford en escena y afinando garganta desde "Dragonaut", calentando garganta, de lo agudo a lo grave hasta llegar a la cima con "Painkiller" y sin perder la respiración o el enfoque, sin brincar en el escenario, solo dominando el panorama con su poderosa presencia, después verlo descender por esa rampa bajando del escenario con ayuda de un asistente, su bastón, y un tanque de oxígeno detrás de él no me causó pena o lástima, no me hizo pensar: “pobrecito ya está bien viejo”, sino me hizo admirar su capacidad para seguir en el camino, entregando todo lo que tiene en escena. No concibo su dolor o cansancio, pero respeto demasiado el hecho de que siga inspirando con su obra inmortal.

Prefiero esos conciertos donde hay solos de cada instrumento, donde frases de viejos sabios te dicen más que un coro pegajoso, pero como el reciente estudio publicado en todos lados la semana pasada y el cual pueden ver en Skynet & Ebert, se afirma que a los 33 años se deja de escuchar nueva música. Afortunadamente hay quienes rompemos la regla, y si el hecho de comprender que cosas tan diferentes como estos 3 shows logran el mismo objetivo que es hacer que la gente se libere, se desfogue y se inspire, entonces que la música, ya sea nueva o vieja, nos sirve como un alivio ante todo lo que se vuelve cada vez más complicado, así de fácil: sin música algunos ya nos hubiéramos vuelto locos, y mientras haya nuevas cosas que escuchar, no dejaremos de hacerlo.

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