lunes, 8 de junio de 2015

Los negados del Alicia


“Si vas a ser pesimista sé pesimista activo, ninguna lucha ha sido en vano” dijo hace tiempo Femin Muguruza en conferencia de prensa en el mismo lugar del que se ha hablado tanto estos días y después de su exilio obligado de nuestro país, diferentes bandas y personas han expresado su simpatía hacia el Multiforo Cultural Alicia, o simplemente el Alicia para todos aquellos que han subido por esas escaleras.

Mi experiencia con el Alicia como fan es completamente opuesta a la que tuve como miembro de una banda que intentaba sobresalir y tocar, y mientras Nacho Alicia recibía de aparentemente buena gana tu demo y te prometía que lo iba a escuchar, tal vez solo quedaba olvidado en una larga pila de discos mientras veías que cada fin de semana aquello que llamaban emo acaparaba los carteles, las mismas bandas, diferentes posiciones y las horas difusas: show inicia 5:16, o 6:23, o 4:57.

Tal vez por ser una banda influenciada por Smashing Pumpkins, de quienes siempre quise robar ese cartel que adorna la entrada, no era suficiente para el esquema de negocios o “apoyo a la escena” del que tanto abogaba el mandamás del inmueble, porque bien sabemos que de él es la última palabra, el que decide el planteamiento del lugar como foro de expresión para diferentes géneros y vertientes…pero con las mismas bandas.

Rockabilly era los Rebel Cats, surf era Lost Acapulco, “punk rock” era Allison, esa banda insignia del lugar que sigue tocando como si tuvieran 15 años para gente de 15 años, lamentable referente de un lugar que también cobijó al metal y en recientes años a bandas como Apocalipsis, Tormentas, Nazareno el Violento y Vinnum Sabbathi, carteles de hip hop y rock indígena, noches de poesía, presentaciones de libros, y como mencioné al principio conferencias de prensa.

Agrupaciones como la mía al verse escupidos por el Alicia buscaron otros foros, incluso en el cercano perímetro de la colonia Roma se ofrecían las oportunidades: El Sauce Boxeador, el Foro Hilvana, el Savannah (que aparte de ser foro para bandas funcionaba como table dance), El Barón (era un salón de fiestas) y demás bares que desaparecieron con el tiempo y buhardillas que después funcionaban como afters. Todos estos sitios adaptados también funcionaban como una plataforma para las bandas que tal vez no llegarían tan lejos, pero que en sus escenarios estaba el espacio que el Alicia les negaba, la oportunidad para las bandas de tocar y del lugar de vender alcohol o entradas, competencia desleal dirían algunos.

El Alicia es ese horno donde comenzó a cocinarse el ska, el pequeño escenario como primer paso para bandas como Panteón Rococó que ahora celebrará su 20 aniversario en el inmueble más nuevo, reluciente y caro de la ciudad: La Arena Ciudad de México. Abismos de distancia entre ambas sedes, años de historia y kilómetros de camino para el panteón, y la misma situación para el Alicia, básicamente el acoso permanente por parte de las autoridades, porque desde que sé del lugar han tratado de cerrarlo, porque varias veces se le colocaron sellos de clausura, porque ahora una multa aparentemente inliquidable vuela como ave de mal agüero sobre la cultura, los espacios, el rock, nosotros.

La última vez como asistente al Alicia fue para ver a Carnifex, y fue donde entendí que el lugar fue, parafraseando a dicha banda de deathcore: “a shithole”. No quiero ahondar en temas de backline y sonido, la nula ventilación, lo peligroso que es tener solo una salida por una escalera, prefiero quedarme con la gente que conocí ahí o con la que llegaba a ver a las bandas que se convirtieron en parte de mis inicios en el andar por la música y su territorio local.

“Nuestro pequeño CBGB” en la Roma leí por ahí al respecto del Alicia, y ya aquel lugar no existe y ahora es una boutique, ni aquel legendario lugar que vio nacer a The Ramones y las mejores noches de los Talking Heads soportó el peso de la evolución comercial de las ciudades o las obtusas visiones de Rudolph Giuliani en pro de una limpia y reinventada Nueva York. Tal vez sea el fin para aquel inmueble que muchos recordarán por sus carencias y momentos, podríamos seguir analizando lo que se hubiera podido hacer, un renovado esquema de ganancias, un re-opening o renovación, extender el horizonte más allá de la auto gestión, el do it yourself y el punk que implica no ser un antro como el Pata Negra o un punto de reunión para la escena como El Imperial.


Lo real es que faltará un espacio y sobrarán razones, lo cierto es que se hablará de que Nacho Alicia fue un tirano maquiavélico para algunos o un verdadero apoyo para los músicos locales, como sea y esperando que todo salga bien, mientras quedémonos con los recuerdos, como aquella vez que el mismo Fermin Muguruza abogando por ser buenas personas, no me regresó mi plumón con el que firmó memorabilia a sus fans. Curiosas ironías de la vida, curiosas historias del Alicia. 

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